Se concibe el sueño del Manicomio General de La Castañeda

 




El Manicomio General de La Castañeda, herencia de la intelectualidad científica y médica europea. Un tropiezo para la historia contemporánea de la psicología en México. La salud mental apuntaba para marcar el camino del primer mundo a principios del siglo XX. Un psiquiátrico en boga. Y así fue. Porfirio Díaz inauguró, en septiembre de 1910, un centro de salud que garantizaba al país ecos de prosperidad. La brevedad no es lo mío, así que les voy a contar la historia…

El protector. El General Díaz, acusado por la idea de presentar al mundo una urbe afrancesada en América, dispuso de todo su poder político y económico para llevar a cabo la planeación urbanística de la capital de México con las características propias de aquel país europeo. Vemos, en la ciudad que es hoy, edificios emblemáticos que se construyeron bajo su dictadura. 

En 1883 empieza a consolidarse la idea del Manicomio General de La Castañeda. Como parte de su activismo político y social, para Porfirio Díaz era importante que el país reflejara una actitud paternalista ante las condiciones insalubres en las que se hacinaban a los “enfermos mentales”, aquellos infelices que caían en alguna de las clasificaciones que marcaban, al principio, los aspirantes a conocer la conducta humana, con los apenas incipientes conocimientos de la psiquiatría para la época. Recordemos que el país iría siempre un paso atrás de otras potencias en la materia. A pesar de que, desde la época colonial, los hospitales San Hipólito y el Divino Salvador, con recursos de la beneficencia privada, dedicaron un gran esfuerzo en el cuidado de personas con algún tipo de trastorno emocional, no fue suficiente.



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